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Fidelidad

Si un pequeño grupo de personas en menos de 10 años son capaces de convertirse en la tercera fuerza política de España hay que pensar dos cosas:

  1. Que era un grupo de gente individualmente válida, cohesionado, con principios fortalecidos por la fidelidad y la coincidencia de pareceres.
  2. Que necesariamente contaban con fondos suficientes de alguna organización (podemos suponer cual o cuáles) para poner en marcha el proyecto que antes era solo testimonial y llenar Vistalegre o entrar con fuerza en el parlamento andaluz, cuando un año antes era impensable.

Si en el transcurso de los años, conseguidas las ayudas públicas por votos y otros financiadores (bancos extranjeros) se ha quebrado la sintonía con el primer o primeros grupos que le apoyaron. Si en el transcurso de los años los integrantes de aquella primera foto han sido expulsados o se han ido. Si todo ello ha ocurrido en base a criterios verticales de jerarquía (en todos los casos demasiado obscuros) tendremos que aceptar que la fidelidad entre sus miembros y en la dinámica del partido brilla por su ausencia.

Por mi parte, acostumbrado a que la palabra tenga valor de ley (desde hace tiempo la escribo y la firmamos para que no tenga que acordarme de forma sesgada) no puedo entender el proceder de este partido que llaman de extrema derecha o fascista. El fascismo tiene unos principios y no juega al escondite para lograr sus objetivos.

La fidelidad y la jerarquía son principios fundamentales, pero la fidelidad tiene el mismo valor en ambas direcciones.

VOX nunca ha sido para mí un referente, lo he visto siempre como un partido más del sistema creado a partir del PP para aprovechar un nicho de mercado. Todo ello sin perjudicar que en estos momentos lo prioritario sea finalizar un gobierno corrupto y antinatural. Cuando esto ocurra deberemos tratar con objetividad la postura ante Vox.

José Luis Roberto, presidente nacional de España 2000.