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Atasco de influencias

Amici, camerati, compagni:

Uno, que ya no es un niño, y que cuando lo fue, lo fue, pero de los raros, de los que no encajaban, tuvo como compañía en sus soledades infantiles, la obra genial de un tipo que se llamó, y se llamará por los siglos, Francisco Ibáñez.

A mi, F.Ibáñez, de origen alicantino, siempre me ha recordado al renacentista, jurista, escultor, hombre de bien y patriota donde los haya, Carlos Verdú: the Sand Man.

Y no sólo por su vertiente artística, sino por la humorística y cáustica, como buenos mediterráneos, levantinos sin frustraciones nordistas-cataláunicas, que así somos los valencianos desde tiempos de los fenicios, así, tirando por lo bajo.

Sigo. Como talento natural, que lo fue desde muy pequeño, F.Ibáñez jamás se dejó encasillar en ningún “credo” político. Y claro, se ganó rápidamente el baldón de “facha” durante el largo período del felipismo rampante, años 80 y 90, al que se le llegó a tildar de franquista por los grupos mediáticos de la derecha -ABC, la COPE, A3- dada la vocación de “aguantar marea” llevando la nave del Gobierno. Nada que ver con el “sanchismo”, hijo reconocido del “zapaterismo”.

El caso, camaradas, es que Ibáñez arreaba a izquierda y derecha, porque los veía venir de lejos.

En una entrevista reciente, Ibáñez, refiriéndose al porqué no saca ya personajes/políticos de la actualidad, dijo que no le producían ni frío ni calor, aunque le dio tiempo a caracterizar al felón de la Moncloa y su ametralladora de mentiras:

Pero hay más en la precaución de F.Ibáñez para no tratar temas sensibles. Si os fijáis, en la película “La gran aventura de Mortadelo y Filemón”, que aquí os dejo enterita,

estaba repleta de “homofobia”, “machismo”, “violencia” y “patriarcado”. Fijáos: el desmoralizador de tropas convertía en gays a los soldados. Un delito de odio como un templo para la actual fiscalía odiante del odio.

Vamos, la “policía del pensamiento” del sanchismo y sus secuaces, con sus “especialistas”, muy al modo de las checas comunistas, como el de la foto de abajo, el “bien vestío”, con gafitas, que se llamaba Agapito García Atadell, torturador, asesino y ladrón, que me recuerda mucho a Félix Bolaños, físicamente hablando, claro.

Y es que siguen enganchados a la guerra civil que perdieron, teniéndolo todo para ganarla. Todo, menos la razón, que dijo el Caudillo, cuando Indalecio Prieto, tan ufano como gordo, de lo bien que comía en tiempos de escasez, dijo lo de “a dónde van esos locos”.

ATASCO DE INFLUENCIAS: EL ORIGEN

La cosa, camaradas, es que Patán Sánchez tiene todos los números para caer derrotado el próximo domingo. De tal manera que más de un candidato ya da por hecho el cómo repartirse el “spoil system”, sistema de expolio: el que gana se lo lleva todo, que es cómo se le llama a la “piñata” en yankés, entre nosotros: “a trencar peroles”, de cargos, prebendas y demás sinecuras que conlleva el triunfo electoral: el exterminio de los presupuestos que se rellenan una y otra vez, como por ensalmo, gracias a las exacciones forzosas, por eso se llaman así: los impuestos.

Claro, la cosa para los políticos está en consolidar fidelidades y parar el acceso a los rivales y a los enemigos. Y eso va a llevar a otro tipo de pugilato: el ganador-PP, con el “label” de la “Agenda 2030”,

contra el aspirante-VOX. Y sólo puede quedar uno vivo, electoralmente hablando, porque, somos españoles, y para que lo vamos a hablar si lo podemos arreglar a hostias. Es lo que tiene esta nefasta partitocracia.

El caso es que, salvo pucherazo monumental, que no hay que descartar, el gallego va a ganar de calle, no por méritos propios, sino por los errores del infatuado, del soberbio, del gañán y patán. Buena lección de humildad para los “líderes de plástico”, que sólo saben gobernar “con el viento a su favor”, que diría Camilo Sesto.

Lo normal es que no se pongan de acuerdo en lo fundamental y como sucede en las rupturas matrimoniales, el más mezquino se muestre más cicatero y agoste una “relación amistosa”. Y entonces será la nuestra.

“I bullirán els carrers com cassola al forn”

Lo decía Ausias March, que era valenciano, de Gandía, y no catalán, bien cierto que referido al mar, pero aquí y ahora va a ser a las calles. Nadie puede ignorar que el “soma”, inoculado al modo de “un mundo feliz” a la gente, es decir, el dinero de mentiras, el que no responde a un trabajo realizado realmente, se ha convertido en inflación, pero, además, hay que devolverlo, cosa que el infausto gañán y todo su submundo de orcos depredadores presupuestarios han ocultado conscientemente, con la ayuda de los “mass media”, tan interrelacionados con los IBEX de todo el mundo y, en definitiva, con los siervos de Soros…

Y ese será nuestro mejor momento. Cuando estemos pasando por el infierno, seguiremos adelante. Nunca, nunca, nunca darse por vencidos. Porque, los patriotas, todos los patriotas, vamos a ser capaces de recoger las brasas ardientes de la tradición hispánica, para “incendiar” de orgullo y justicia la calles de España. Como hicieron nuestros mayores, como harán nuestros jóvenes:

Vuestro Otto.