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«No sirve de na»

-LA INDEFENSIÓN APRENDIDA- (Número 1 DE LA COLECCIÒN PSICOLOGICA PARA FACHAS).

Amici, camerati, compagni:

Primero, la canción del gran Peret, español, catalán y gitano, que todo se puede ser a la vez si se tiene salero:

Homenaje a unos años luminosos, los 70, cuando España era el 9º país industrial del mundo, crecía a un increíble 7% del PNB al año, y cambiaba al “proletario, por propietario”, con piso de los sindicatos -de los de antes, los de la CNS, no de los “comegambas” actuales- Seat 850 y apartamento en Torrevieja.

Aquí bajo, pisos para los trabajadores, y en este video la visita de Franco a Valencia, inaugurando promociones de viviendas facha-sociales, de pisos renta limitada,

que aseguraba la propiedad y, por tanto, la seguridad del bienestar familiar e individual:

Por cierto, en uno de estos -grupo Ángel del Alcázar-, dio sus primeros pasos, más ágiles que los actuales, todo hay que decirlo, José Luis Roberto y su hermano Juan Carlos, provenientes de la Castilla valenciana o de la Valencia castellana, que tanto monta.

Un saludo para ambos.

A lo que íbamos, Franco, el malvado dictador, se había empeñado en jodernos a todos haciéndonos infelices a base de generar el bienestar que da el trabajo. Y eso, camaradas, se notaba en la música, en la fiesta y en que sentíamos de una manera “alegre y confiada” que había un futuro mejor para todos. Y eso -el futuro mejor- incluía a “los rojos”, porque convertir al “proletario en propietario”, mataba el bicho del “odio de clase”. Vamos, que había resultado ser la mejor política económica y social posible. Lo de la política de partidos, camaradas más jóvenes, importaba a la inmensa mayoría, una higa, porque la vida personal, la libertad individual y el progreso de nuestras familias eran reales, e irrompibles como el Duralex y como la familia Alcántara, la de “Cuéntame”.

Sólo teníamos que trabajar, estudiar y cumplir con nuestras obligaciones. Lo que hiciéramos con nuestras vidas privadas eran una cosa absolutamente particular, libre, nuestra. Incluso se podía ser “subversivo”, siempre que no se pasara a la ruptura del orden público con las ideas y se mantuviera la “subversión” en sus justos términos y no se provocara a los “elementos incontrolados”, tan denunciados en tiempos pretéritos.

Ved el interesante documento de “VALENCIA SEMANAL”, una revista setentera, que más que rojos de fábrica y comité, eran rojos de Facultad, hijos de los triunfadores de la guerra civil, que se “aggionarnaron”, como la Iglesia después del Vaticano II. Seguro que recordaréis más de uno su existencia. A veces, hasta se salía en sus páginas.

Ah, la nostalgia por tiempos de valor y aventura pasados. Ahí/aquí lo dejo:

http://www.antiblavers.org/galeria/albums/userpics/10002/VS52.pdf

¿Hagamos lo que hagamos, todo seguirá igual?

Un tal Martin Seligman, psicólogo, que ahora no podría hacer experimentos con animales porque se le aplicaría alguna sanción administrativa o penal, definió la “indefensión aprendida” como la convicción interna para un ser vivo dotado de “alma”, bien sea humano o animal, que ha aprendido a comportarse pasivamente, sin poder hacer nada y que no responde a pesar de que existan oportunidades para ayudarse a sí mismo, evitando las circunstancias desagradables o mediante la obtención de recompensas positivas. En este video se explica:

Por si no lo queréis ver, aquí la explicación: A finales de los 60, el psicólogo Seligman realizó un experimento. Dentro de una caja de laboratorio, un perro era expuesto a shocks eléctricos que no podía evitar. En cambio, en otra caja, otro perro sí que podía interrumpir esos shocks pulsando una palanca. Más tarde, los perros eran situados sobre una superficie electrificada de la que podían escapar simplemente saltando una barrera.

El perro que había podido controlar los shocks la saltaba, mientras que el otro perro, en lugar de buscar la salida exitosa a la situación adversa, permanecía aguantando las descargas de manera pasiva. Había, pues, “asimilado” su indefensión.

¿Para qué gastar energías sabiendo que de los estímulos adversos no se puede escapar?

Vengo a querer decir con esto, cómo el Poder Político-Mediático del Estado, que son los elementos visibles del “Poder invisible”, el “Deep State”, la Agenda 2030 o el “Gran reset”, nos inoculan la “indefensión aprendida”: el que hagamos lo que hagamos “no sirve de ná”.

La depresión, consecuencia de la inacción

Nosotros, los patriotas, tenemos un remedio contra la depresión y el sistema esquizo-pastillero de control social de la Agenda 2030, se llama acción en la calle.

El ejercicio de la palabra libre, la camaradería… en fin, todas aquellas cosas por las que vale la pena vivir. Cuando vamos a la “marcha de la corona”, a la “marcha de las antorchas”, a la de Chueca en 2021 contra la Agenda 2030, más allá de la capacidad de resistencia moral que demostramos con el ejemplo de “lucha en las calles”, nos curamos a nosotros mismos de la depresión de la inacción, de ese aprendizaje diabólico del conformismo, de las mil muertes cotidianas que sufre el cobarde antes de morir.

Los patriotas se quedan

La magistral escena de “Grupo salvaje”, del director Sam Peckinpah, año 1970, en la que los compañeros deciden jugarse la vida -y perderla-, con tal de rescatar a uno de sus camaradas, un mejicano llamado Ángel:

Aguantar a pie firme es propio de minorías formadas, no está al alcance de las masas. Éstas buscan su bienestar inmediato, como los personajes de “Un mundo feliz”, la droga perfecta que es el “soma”: “Todos somos iguales, como los épsilón y todos somos felices porque tenemos “soma”.

Eso no es para nosotros. Más bien, somos como el personaje de “el Salvaje” de la misma novela, un hombre con todas las complejidades del alma humana, todos los sentimientos, todas las inquietudes, salvajes, violentos, irracionales, pero libres. Y tal vez, solo tal vez, aunque el presente sea distópico, el mañana nos pertenece, porque solo nosotros, los patriotas, creemos en él.

En homenaje a los camaradas italianos de “Casa Pound”, “Il domani appartiene a noi”:

Vuestro Otto.